lunes, 2 de septiembre de 2013

Dos por uno en el infierno [Nürburgring]


Si el verano había comenzado caliente en Silverstone, la canícula apretaba como fuego cuando la Fórmula 1 arribaba a Nürburgring, circuito donde se disputaría el Gran Premio de Alemania, en el que tras conseguir la victoria, Sebastian Vettel lograba inscribir su nombre por primera vez en el palmarés de su casa.

El «inevitable» cambio de estructura de los neumáticos Pirelli al que había obligado lo sucedido en Gran Bretaña, así como la prohibición expresada por la FIA para que los equipos no cambiaran de lado las ruedas y el calor del asfalto alemán (rondaba los 40º), ofrecieron un escenario donde salvando a Ferrari, los diferentes integrantes de la parrilla iban a jugar sus bazas desde unas posiciones que parecían ir hacia atrás unos meses.

Así las cosas, nada más darse la salida, Lewis Hamilton, quien había conseguido la pole la tarde anterior, era literalmente desbordado por Sebastian Vettel y Mark Webber al inicio de la prueba, con los hombres de Lotus mostrando una agilidad y fortaleza casi olvidada. A diferencia de otras veces, el tricampeón del mundo no lograba descolgarse a pesar de que su RB9 montaba gomas blandas (option para la carrera), e inmediatamente detrás, daban comienzo los primeros escarceos y surgían las inevitables sorpresas, como el abandono de Felipe Massa.

Del primero al sexto clasificados utilizaban gomas blandas en el stint inicial, lo que proponía un bonito juego de estrategias para la carrera pues del séptimo hacia atrás, la elección mayoritaria se decantaba por el uso de medias (prime para la prueba), de forma que con el primer paso por garajes, forzado por Lewis Hamilton para romper la estrategia de Red Bull, Romain Grosjean quedaba situado en cabeza seguido por Fernando Alonso y su F138, con «blandas y duras» respectivamente, como dirían en Antena3. Pero en boxes saltaba la sorpresa y nunca mejor dicho —el cambio de compuestos del vehículo número 2, el de Mark Webber, fue rápido, como suele ser costumbre en la de Milton Keynes, pero la rueda trasera derecha del coche del australiano no había quedado bien encajada, a resultas de lo cual, en cuanto el RB9 se puso en marcha, salió por los aires para terminar impactando en el cuerpo de un representante de la prensa que por fortuna resultó con algunas magulladuras, un esguince de hombro y unas costillas rotas, pero vivo.—

El aussie perdía todas sus opciones al verse obligado a reponer la rueda perdida, cuando Grosjean se postulaba como un firme candidato a la victoria. Hamilton las pasaba canutas en mitad del tráfico pero Vettel recobraba el liderato aprovechando que Alonso entraba a sustituir los compuestos de su coche, pero con los Lotus de Romain y Kimi en formato muy amenazante. Hacia el giro 20 la tranquilidad había vuelto al circuito y nada hacía presagiar que aún quedaba lo mejor, pues dos vueltas más tarde, Jules Bianchi rompía aparatosamente el motor de su Marussia.

El incidente, a todas luces intrascendente, derivaría primero en una especia de jocosa broma, para convertirse más tarde en el intermedio de una prueba que quedaría así dividida en dos. Pero no adelantemos acontecimientos.

El MR02, tras quedar varado apaciblemente en la hierba a la espera de que lo retiraran, comenzó a moverse en cuanto la grúa hizo acto de aparición, de forma que inició un descenso descontrolado (iba sin piloto) que comenzaba a un lado de la pista y terminaba en el otro pero varias decenas de metros atrás. Ante tan inoportuno percance, Dirección de Carrera desplegaba el Safety Car, que estaría presente sobre el asfalto entre las vueltas 24 y 29, tiempo suficiente como para que todos los integrantes de la parrilla hicieran un nuevo cambio de neumáticos, y para que la mayoría de los equipos aprovecharan para cambiar de estrategia.

En el reinicio, Sebastian seguía delante, seguido por Romain y Kimi. A la estela del que sería a la postre el trío que ocuparía el podio, Fernando, Jenson Button, un magnífico Nico Hulkenberg y a la cola de todos ellos, Hamilton.

Nominalmente quedaban 30 vueltas, pero en el fondo, todo el mundo era consciente de que aquello suponía en realidad la misma prueba, pero en una segunda manga. Vettel, soberbio dirigiendo el cotarro y gestionando sus opciones, iba a comenzar a ser acosado seriamente por los hombres de Lotus, quienes con el reagrupamiento habían visto aumentar sus posibilidades. El ataque no se hizo esperar, pero el tricampeón aguantaba como un jabato mientras Fernando a su vez, hostigaba al segundo piloto de Enstone, Romain Grosjean.

Lewis Hamilton, lejos de conformarse, volvía a entrar a garajes a pocos giros del final. Kimi lideraba la carrera con el F138 de Fernando a la cola de su E21, pero ambos eran llamados a boxes. Vettel recobraba el liderazgo pero no las tenía todas consigo, porque los Lotus estaban empeñados en aguarle la fiesta. El Nano, a su vez, se veía de nuevo en la tesitura de escapar de los afilados dientes de un Lewis hamilton que en estos giros finales anduvo soberbio.

La carrera dividida en dos terminaba. El Gran Premio de Alemania era para Sebastian Vettel (exultante en el podio, y no es para menos), con Kimi Raikkonen y Romain Grosjean a sus lados. Fernando Alonso concluía cuarto viéndose obligado a parar porque el combustible de su F138 no daba para más. Quinto sería Lewis Hamilton, por delante de Jenson Button y Mark Webber (bonita remontada la del australiano). Tras ellos, Sergio Pérez, firmando un reverdecer de McLaren que ya habría firmado Zapatero para España, seguido por Nico Rosberg y con Nico Hulkenberg cerrando el reparto de puntos.

Nos leemos.

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