viernes, 25 de mayo de 2018

La noche y su magia [#BlueTrain/022]


Llamamos magia a cualquier cosa que no entendemos. Las croquetas de mi madre, un ejemplo, eran mágicas hasta que poquito a poquito he sido capaz de replicarlas en la cocina. Ahora siguen siendo mágicas, pero porque son de ella y porque cuando ella no esté y no pueda valorar qué tal me han salido, yo seré su heredero natural incluso en su santuario...

La noche y Le Mans están íntimamente ligadas. Dicen que surge la magia cuando cae el ocaso sobre La Sarthe y el velo de oscuridad no se levanta hasta las primeras luces del amanecer del día siguiente, pero lo que hay en esos instantes es una intimidad del hombre con el deporte que le retrotrae a épocas en las que no había ni tanta información ni tanta chanfaina.

Cuestiones estéticas


He visto la fotografía de arriba encabezando un artículo de mi otra casa, MomentoGP, y lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido: ¿pero qué coño estamos haciendo los tifosi para merecernos esto?

Tampoco seáis malpensados. Kimi y Sebastian apenas tienen culpa —y si la tienen, que esa es otra— de la cultura del osito que impuso en su día Maurizio Arrivabene. Empezamos valorando la posibilidad de que los pilotos de la rossa terminaran paseando los cochecitos de sus hijos por el paddock, y tres años más tarde tienen imagen blandita y ofrecen una imagen blandita a público y aficionados.

El yate de Flavio


Hoy luce un día que ni pintado para hacer trastadas, o incluso para recordarlas si no es posible salir a pulsar timbres o a pillar fruta de la huerta del vecino...

Corría 2009, concretamente el 22 de mayo, y a viernes como hoy pero de hace nueve años, también se celebraba Santa Devota en Mónaco, lo que llevó a los integrantes de la parrilla a celebrar un almuerzo en el Force Blue, el yate de Flavio, con la intención de dirimir los numerosos problemas que tenía sobre la mesa nuestro deporte, mayormente de reparto de poder y pasta, como viene siendo costumbre desde que el mundillo se hizo mayor allá como alrededor de comienzos de los ochenta del siglo pasado.

jueves, 24 de mayo de 2018

Esculturas de metal [#BlueTrain/023]


Las ruedas son el elemento que mayor resistencia al avance (drag) produce en un vehículo de competición que las lleve al descubierto.

En nuestro deporte, la Fórmula 1, casi resulta impensable imaginar monoplazas con ellas tapadas porque uno de sus mayores alicientes técnicos estriba, precisamente, en que vayan al aire y los ingenieros se las vean y deseen para conseguir la añorada eficiencia aerodinámica contando con este handicap. No ha sido así siempre, desde luego. 

McLaren atragantado


McLaren ha vivido jueves mejores en Mónaco, lo que sucede es que hace mucho de eso. A ver, que levante la mano quien no haya pensado por un instante, que la de Woking había cambiado su unidad de potencia Renault por alguna de las Honda que le quedaban en el trastero...

Menos mal que se ha estrenado patrocinador (FxPro) y que la inversión de Michael Latifi no lleva aparejada la inclusión de un asiento para Nicholas, lo que aleja el fantasma de la tan temida williamsización de Woking. En todo caso, que es a lo que vamos, la de hoy no ha sido una jornada como para sacar pecho, aunque siempre nos quedará la duda de saber a qué se han debido las caras de poca o nula preocupación.

Vibrato


Siento molestaros a estas horas. El caso es que no sé dónde meterme pero el domingo pasado mi buen amigo Jose (Tortajada) sacaba a cuenta de no recuerdo qué efeméride la imagen que he tomado como entradilla, y prácticamente en las mismas horas, los manuses de lo nuestro nos advertían que para mejorar los adelantamientos acabaremos perdiendo 1'5 segundos de punta, como si fuese importante ir rápido cuando las carreras las rebañan ahora Mercedes AMG y con suerte Ferrari.

Antes, mucho antes de cuando imagináis, más o menos cuando Jose y yo íbamos dejando atrás nuestros pantalones cortos o todavía porfiábamos en usarlos, la cosa iba de vibrato o non vibrato. Vamos, que o te entretenías como un jabato o la cosa resultaba ful, que diría Ramoncín.

Algo más que padre e hijo


Hoy se ha podido disfrutar en Mónaco de lo que viene siendo un paseo por sus calles de un padre y un hijo, cada uno de ellos conduciendo el coche que les hizo Campeón del Mundo. Keke Rosberg sobre un Williams FW08 de 1982 y Nico Rosberg sobre el Mercedes AMG W07 de 2016, y ¡ya!, ¡quietos parados!, aquí se acaba la historia...

Desgraciadamente no está el horno para bollos y no puedes clamar al cielo preguntando ¿dónde cojones está el periodismo de raza?, porque a la mínima te buscas un follón en redes sociales. Pero lo echo en falta, de verdad, para qué queréis que os mienta.